Un signo temprano de la enfermedad de Alzheimer
A menudo se cree que los primeros síntomas del Alzheimer se relacionan únicamente con la memoria: un nombre olvidado, una palabra en la punta de la lengua o dificultad para orientarse. Pero un estudio reciente destaca una señal mucho más sutil e inesperada que podría detectarse simplemente… dándose una ducha. ¡Sí, has leído bien!
Ya no reconocemos el olor del jabón: una señal que no hay que ignorar
Imagínate esto: abres tu gel de ducha habitual, ese con el aroma que te resulta familiar desde hace años, y de repente… nada. O mejor dicho, un aroma vago y difícil de identificar. Este detalle aparentemente trivial podría ser, en realidad, uno de los primeros signos de deterioro cognitivo, según el profesor Davangere Devanand, psiquiatra y neurólogo de la Universidad de Columbia en Nueva York.
¿Por qué? Porque oler no es solo cosa de la nariz: es una función cerebral estrechamente relacionada con la memoria. Las áreas del cerebro que nos permiten identificar olores se encuentran entre las primeras en verse afectadas en las formas tempranas de la enfermedad de Alzheimer.
En un estudio de ocho años con más de 1000 participantes, los investigadores utilizaron una prueba olfativa muy accesible: simplemente rasparon muestras de aromas e identificaron olores comunes, como jabón, humo, rosas o cuero. ¿El resultado? Las personas con dificultades para identificar estos aromas presentaban un riesgo significativamente mayor de desarrollar deterioro cognitivo en la vejez.
Una puntuación inferior a 8 sobre 12 ya se consideraba una señal de alerta. Combinada con una prueba de memoria breve, esta prueba sensorial demostró ser tan relevante como algunas resonancias magnéticas cerebrales o análisis biológicos mucho más complejos. Un resultado prometedor.
Una pista valiosa para una detección temprana
¿La ventaja de esta prueba? Es sencilla, no invasiva, económica y podría realizarse en un consultorio médico sin necesidad de equipos sofisticados. Sobre todo, ofrecería la posibilidad de identificar a las personas en riesgo antes de la aparición de síntomas visibles, lo que facilitaría un tratamiento temprano y estrategias de prevención adecuadas.
Como señala el Dr. Jeffrey Motter, coautor del estudio, integrar este tipo de cribado en el seguimiento médico rutinario podría transformar profundamente la forma en que diagnosticamos la enfermedad de Alzheimer. Este es un avance prometedor para los pacientes… y sus familias.